El centro

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Los paisajes de arenisca continental ruiniforme de Isalo y Makay forman una barrera natural al suroeste entre las Tierras Altas, la meseta caliza Mahafaly y el Canal de Mozambique. Como una

Los paisajes de arenisca continental ruiniforme de Isalo y Makay forman una barrera natural al suroeste entre las Tierras Altas, la meseta caliza Mahafaly y el Canal de Mozambique. Como una cresta divisoria, la cadena de Ankaratra, con el monte Tsiafajavona (2 643 m) y el macizo de Ibity (2 252 m), se alzan dominando las Tierras Altas Centrales entre las ciudades de Ambatolampy, Antsirabe y Ambositra. El macizo de Ibity es conocido por su gran diversidad geológica, rica en piedras semipreciosas (turmalina, granate, citrino…) y también reputado por sus riquezas florísticas, faunísticas y culturales. Al sur de Fianarantsoa, el macizo granítico de Andringitra con su cima principal, el Pico Boby (2 658 m), marca, al sureste, el fin de las Tierras Altas. Majestuosos, sus grandes acantilados dominan llanuras verdosas ricas en vegetación.

Los pueblos de las Tierras Altas

Con sus casas de madera pintada y barandillas ingeniosamente elaboradas, Ambositra merece más que nunca sus sobrenombres: ciudad de las rosas, ciudad del arte y la artesanía, reino de escultores. Allí reside el pueblo Zafimaniry, una comunidad betsileo que se ha hecho célebre por su trabajo en madera. La elección de Ambositra como punto de partida se justifica por la calidad gastronómica de sus restaurantes, que se cuentan entre los mejores de Fianarantsoa. El arte consumado de la marquetería, los delicados motivos de los tejidos de seda, el verdor de los arrozales en terrazas, la majestuosidad de las necrópolis reales y el fervor de los mpiandry (pastores) en el pueblo de Soatanàna son garantía de exotismo en la región Amoron'i Mania. Los mpiandry son discípulos del Señor investidos de una misión de sanación y conjura de los malos espíritus.

Si las curas termales o de recuperación física le interesan, tome la ruta hacia Antsirabe, « la Dax o la Vichy del océano Índico », a 170 km al sur de Antananarivo. El centro de talasoterapia de Ranomafana es la atracción estrella de la ciudad, evangelizada en el siglo xix por protestantes noruegos y que conserva hasta hoy su arquitectura colonial. Accediendo a la región Itasy desde la ruta montañosa de Faratsiho, un relieve volcánico de gran belleza deleitará a los senderistas. Ríos, montañas y amplios valles fértiles invitan a la pesca, a paseos por los arrozales, a excursiones en piragua y a la escalada; el punto de mayor encanto es la vista imponente sobre el Islote de la Virgen.

Los célebres tsingy de Bemaraha

La incursión en el parque nacional de Bemaraha es indudablemente un momento culminante del circuito. De una belleza bruta, salvaje y surrealista, los conjuntos calcáreos de Bemaraha forman la reputación y el orgullo de la región Melaky. Cuando se divisan los acantilados grises y kársticos recortándose en la espesura de los árboles, cuando uno se abre camino en los profundos desfiladeros de Manambolo, y cuando uno se acerca a las especies faunísticas y florísticas rarísimas que pueblan la selva seca caducifolia, uno coincidirá con los apasionados comentarios de las guías de viaje. La Unesco clasifica los tsingy entre « los paisajes naturales más espectaculares de la Gran Isla y del mundo entero », y Lonely Planet los describe como « pináculos calcáreos desgarrados […] que encontrarían perfectamente su lugar en un cuadro de Salvador Dalí ».

Morondava, la capital del Menabe

En el extremo occidente de Madagascar, la belleza de Morondava está moldeada por el azul del mar, el rojo de la laterita y el verde intenso de los manglares. Las playas de Kimony y Nosikely harán la dicha de los turistas en busca de ocio o descanso playero. La atracción principal es la Avenida de los Baobabs; una hilera de baobabs masivos e imponentes encuadra de todos lados el camino que une Morondava con Belo-sur-Tsiribihina. La estrella es sin duda el Adansonia fony, con sus dos troncos entrelazados que parecen dos amantes lanzándose el uno al otro en brazos. (Por un lamentable olvido, el ministerio de Aguas y Bosques no ha inscrito esta joya natural en los parques nacionales.) A unos sesenta kilómetros de la localidad, el parque nacional de Kirindy Mitea alberga los últimos retazos de bosques primarios del Oeste. El movimiento de las aves acuáticas sobre los lodos y las lagunas dejará en usted recuerdos imborrables. La mayoría de las especies son endémicas de Madagascar, haciendo del parque de Kirindy Mitea una reserva de biosfera de alcance mundial.

El crucero por el río Tsiribihina es una atractiva opción para recorrer la región del Menabe. El puerto de embarque está en Miandrivazo. En cuanto a los adeptos del senderismo deportivo, se detendrán en el macizo montañoso del Makay, un verdadero paraíso perdido donde hombres y animales conviven en armonía, antes de proseguir la aventura en el parque de Isalo. Pero eso ya es otro viaje…

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